¿Alguien dijo calçotada?

Las calçotades es una de las tradiciones más populares y más queridas por la gran mayoría de los catalanes, y es que este manjar no sólo forma parte de la cultura gastronómica sino también de la social. Esto es porqué cuando llega el invierno y con él la temporada de los calçots, los catalanes ya nos frotamos las manos y nos morimos de ganas por celebrar una buena brasa como excusa para juntarnos con nuestros amigos, familiares y seres queridos. ¡Es la excusa perfecta para reunirse y para comer! Dos en uno. Además, es un acontecimiento que, aunque haya gente a quien no le gusten los calçots (que la hay), no puede ser eso un impedimento para no asistir al evento, ya que no sólo se suelen comer los calçots en las calçotades, sino también muchas otras cosas como carne a la brasa, patatas al caliu, verduras a la brasa, etc.

Los calçots suelen ser lo primero que se prepara en las calçotades ya que su modo de preparación es a fuego vivo durante 10 minutos, es decir, a diferencia de la carne u otro tipo de verduras, no hay que esperar a que se haga la brasa para cocinarlos. Es más, para que el sabor sea más auténtico hay que hacer el fuego con sarmientos, lo que en catalán llamamos redoltes de ceps, en vez de utilizar el carbón típico de barbacoa u otro tipo de brasas. Los calçots también pueden cocinarse en casa usando el horno pero, aunque también saldrán muy buenos, el toque que le da el fuego no es el mismo, claro está. Durante su preparación, ya sea a la llama viva o al horno, sabemos que están listos para servir cuando su capa exterior empieza a ennegrecerse y las puntas del extremo superior a abrirse y podemos ver como expulsan un poco de jugo espumoso. Llegados a ese punto, cogemos varios calçots (o todos, dependiendo de la cantidad que hayamos cocinado) y los envolvemos en tres o cuatro hojas de papel de periódico durante aproximadamente media hora, para que terminen de cocinarse con su propio calor antes de servirlos. ¡Et voilà! Ya estarán listos para pelarlos y comerlos. No nos olvidemos de condimentarlos con su mítica salvitxada, o a falta de la salvitxada la salsa romesco. Esta salsa está elaborada con tomate, ajos asados y crudos, frutos secos (almendras y avellanas tostadas molidas), ñoros, pan tostado y empanado en vinagre para dar más textura, aceite de oliva y sal. Una combinación exquisita que casa a la perfección con una buena calçotada. De hecho, esta salsa también procede de la localidad de Valls, Tarragona, que es la provincia por excelencia de los calçots.

¡Ah! Otro imprescindible de las calçotades son los baberos para no mancharte, porqué es un clásico comer calçots y acabar perdido, tanto de salsa como de la ceniza que queda en la piel de los brotes. Si te lo dejas, ¡no pasa nada! A falta de baberos buena es una servilleta sujeta al cuello de la camisa. La cuestión es evitar mancharte más de lo necesario.

Para finalizar, nos gustaría ofreceros un dato curioso de estos brotes, ¿sabías que los calçots provienen de la familia de las cebollas? Pues sí, el calçot forma parte de la variedad de la cebolla tierna poco bulbosa. Su nombre despista un poco y es que viene dado por la forma en cómo se cultiva este bulbo; calzando la tierra sobre la planta, que en catalán es “calçar la terra sobre la planta”, es decir, se amontona tierra sobre los brotes de la cebolla inicial para cultivarlos y conseguir que tengan un bulbo blanco de unos 20 a 25 centímetros. De hecho, cuanto más se calza el calçot más alargado se hace (por eso no parece una cebolla tierna). A la vez se va endureciendo, y por ello hay que tener cuidado, ya que si se pasa de dureza el brote ya no se puede comer. Desde luego, el calçot es todo un arte, tanto a la hora de cultivarlo, como de cocinarlo o incluso de comerlo. Hay incluso concursos nacionales para saber cual es el mejor calçot o competiciones de quien puede comer más calçots de una sentada.

No sabemos vosotros pero a nosotros ya se nos está haciendo la boca agua de tanto hablar de calçots, brasas, reuniones… Y es que, aunque la capital mundial del calçot sea Valls, en Can Mauri cocinamos los calçots tal y como marca la tradición, a la brasa y con su bueno salvitxada y, oye, ¡nos salen de rechupete! Ven a comprobarlo con tus familiares y amigos. Can Mauri tiene preparado un menú de calçots especial para que puedas disfrutarlo con quien tú más quieras y te apetezca, le gusten o no los calçots, ¡no hay excusa para no compartirlos¡ porqué el menú que os ofrecemos este año 2019 es muy completo y variado. Échale un ojo.

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